GIANNA
En medio del trayecto en taxi, me sentí cansada, aliviada y sorprendida a partes iguales.
Mirando por la ventanilla del auto, no podía evitar emocionarme siempre que pasaba por un edificio, porque cada uno se veía más hermoso que el otro, con esa arquitectura renacentista marcada, aunque hacia el centro reinasen los rascacielos, en una mezcla perfecta entre lo nuevo y lo antiguo.
—Esto es hermoso… qué suerte tengo —dije con voz ilusionada.
Delante, el taxista sonrió.
—¿Es nueva en la