58. Un hombre diferente
Esa misma mañana, Margaret y Lana aterrizaron en Nueva York.
Kira no tuvo más remedio que contarles la verdad absoluta de lo que había sucedido, pues tantos hombres custodiándola no era por nada, como les había dicho ella en un principio.
— Las dejaré solas para que se pongan al día. Yo debo volver a la clínica — dijo Jack, que apareció de pronto en el salón luego de haber estado en una llamada de suma importancia con su abogado — Lana, Margaret, siéntanse como en casa. Ya he pedido al servicio