33. máscaras de indiferencia
Jack la miró alejarse con altanería, sacudiendo las caderas y taconeando fuerte. Ja, faltaba más, como si de los dos ella fuese la ofendida.
Aventó unos papeles al suelo con un movimiento brusco y clavó las palmas contra el filo del escritorio. Resopló, enojadísimo. ¿Cómo había podido permitir que esa mujer lo desestabilizara de esa forma? ¿En qué estaba pensando cuando la dejó entrar a su vida? ¿Y a las de las dos personas que más protegía con recelo? Sus abuelos.
¡Ah! Es que eso le pasaba por