20. Una cucharada de indiferencia
La mañana siguiente tuvo que luchar contra sí misma para obligarse a ignorarlo, y si bien cada una de las reuniones que tuvieron en conjunto transcurrieron como de costumbre, Kira se mantuvo profesional todo el tiempo y evitó a toda costa la profunda mirada azul cobalto de Jack.
Poner la distancia necesaria no solo le costó meterse de lleno al trabajo, sino recurrir al tocador para ventilarse un poco y enjuagarse el rostro con agua. Lo que conseguía hacer ese hombre con ella no era para nada no