El día siguiente comenzó con una niebla espesa cubriendo la ciudad, como si el destino de Sebastián y Emma estuviera envuelto en la misma incertidumbre. Mientras el sol apenas lograba filtrarse entre las nubes, los dos se encontraban sentados en la sala de juntas de la empresa, rodeados de papeles, pruebas, y un ambiente tenso que reflejaba la magnitud de lo que estaban a punto de enfrentar. Los relojes marcaban la hora de la verdad, y aunque ninguno de los dos lo admitía, ambos sabían que todo