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Tragué saliva y la miré. Sus ojos azules casi me abrasaron de inmediato, ella había estado todo el tiempo con la mirada fija al mismo tiempo que compartíamos aquel momento a través de nuestra hija. No pude pasar desapercibido como su rostro había cambiado durante las últimas cuarenta y ocho horas, lo mismo que las marcas de su cuerpo. Sus ojos azules volvían a brillar y sus labios resecos estaban dej







