23. Discusiones y celos

Máximo

Las mejillas de Ariel estaban rojas por la impresión y sus ojos azules intensos y tácitos me observaron de un sobresalto. Apreté la mandíbula con fuerza casi preso de la rabia y aquel pobre imbécil tomó una postura protectora delante de ella dispuesto a darme una explicación.

Y por supuesto que yo exigía una jodida explicación.

—Señor Kahler. —Dijo y no titubeo.

—¡Te pedí una m*****a cosa Flavio! —Farfullé, sosteniéndome de mi propia ira.

—Señor…

—¿Era tan jodidamente difícil mantener tus manos lejos de ella?

Joder, estaba tan cabreado, estaba tan decepcionado incluso de que ella permitiera que su boca estuviese tan cerca de sus labios. La miré, estaba muy quieta junto al lado de Flavio y yo quise apartarla de ese bastardo, quería que se mantuviera lejos de ella, que no respirara su mismo aire.

—¿Tú le pediste que hiciera eso? —Quiso saber, luego de varios e intensos segundos.

Por supuest

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