Gemí, revolviéndome debajo de las sabanas.
Mis ojos se abrieron, pero el malestar continuaba. Mis manos fueron a mi pecho, donde tenía un camisón, no una blusa desabotonada.
Estaba en la cama, con las luces apagadas, de noche. Estaba a salvo.
No estaba en la calle, Travis y su compañero no se encontraban por ningún lado. Fue solo una pesadilla. La misma testada pesadilla que viene ocasionalmente a mi mente.
Ese recuerdo me causaba náuseas y deseaba olvidarlo, pero mi mente me castigaba, obl