Capítulo 43
Emma
El contacto del asfalto fue un insulto.
Al deslizarme de su lomo, mis piernas, que minutos antes se sentían parte de una maquinaria divina, me traicionaron. El suelo no se sentía firme; se sentía rígido, frío y ridículamente estático.
Mis rodillas cedieron y el impacto contra la tierra me recordó, con una crudeza dolorosa, que yo solo era una humana.
Caí, pero no llegué a tocar el barro por completo.
Magnus se movió antes de que mi gravedad ganara la batalla. Sentí su costado,