6. Deja de jugar
6
Ryder
—¿Qué necesitas, madre? —pregunté mientras me dejaba caer en mi silla, sin disimular el fastidio.
Mi mirada se desvió, de forma inevitable, hacia la superficie de mi escritorio.
La huella mojada que había dejado Seraphina aún estaba allí. La silueta, pequeña y perfecta de su trasero firme, marcada contra la madera.
No la tapé. ¿Para qué? Era inútil tratar de esconder lo evidente. Todo en esta oficina olía a ella.
—Que dejes de jugar y te cases, Ryder eres el primogénito de los Thorne —d