88.
MICHAEL
Vuelvo a la casa que durante años llamé hogar y la palabra me pesa como una mentira vieja.
La puerta se abre con la misma llave de siempre, pero el sonido ya no me pertenece. Adentro huele igual: madera, perfume suave, recuerdos. Por un instante, todo parece intacto… hasta que veo las cajas apiladas junto a la escalera y a los hombres que contraté esperando mi señal para empezar.
Y la veo a ella.
Sara está de pie en el centro de la sala, como si no supiera exactamente dónde colocarse a