117.
RAQUEL
La conversación con mi madre todavía resuena dentro de mí cuando subo nuevamente las escaleras, pero esta vez no hay duda en mis pasos, no hay ese peso que me acompañaba antes. Hay algo distinto… algo más firme, más claro, como si por fin hubiera dejado de pelear con lo que no recuerdo para abrazar lo que sí tengo.
Y lo que tengo… está en la habitación de al lado.
Empujo la puerta con suavidad y entro en el cuarto de los bebés, donde la luz tenue crea un ambiente tranquilo, casi irreal.