108.
MICHAEL
Hay momentos que uno imagina tantas veces que, cuando finalmente suceden, parecen irreales.
Me quedo apoyado contra el marco de la puerta, en silencio, sin atreverme a interrumpir la escena que tengo frente a mí, como si cualquier movimiento brusco pudiera romperla. Raquel está sentada en el sofá, con uno de los bebés en brazos mientras el otro descansa contra su pecho, sostenido con una seguridad que hace apenas semanas parecía imposible. La luz de la tarde entra por los ventanales y