102.
RAQUEL
Abrir los ojos duele.
No es un dolor punzante, sino algo más difuso, como si todo mi cuerpo pesara demasiado, como si incluso el simple acto de despertar fuera un esfuerzo enorme. La luz me resulta molesta al principio. Parpadeo varias veces, intentando enfocar, intentando entender dónde estoy.
Todo es blanco.
Demasiado blanco.
El techo. Las paredes. La luz que entra de algún lugar que no logro identificar.
Y luego los sonidos.
Un pitido constante. Un murmullo lejano. Una respiración… la