C94: Dobles intenciones.
Sarah entró en el despacho principal de la sede de las joyerías Colleman con el corazón acelerado por la expectativa profesional. Sin embargo, al girarse la silla de cuero, el aire se le escapó de los pulmones. Maxwell estaba allí, sentado con una sonrisa gélida y triunfante.
—Tú —soltó Sarah, retrocediendo un paso—. Tú compraste las joyerías. Claro, todo este montaje fue para humillarme.
Maxwell se reclinó en el asiento y soltó una carcajada seca que erizó la piel de Sarah.
—Por supuesto. ¿Par