Maxwell estaba terminando de pagar la cuenta cuando la vibración de su móvil sobre la mesa lo puso en alerta. Al ver que la llamada provenía del hospital, el aire se le escapó de los pulmones y su rostro se volvió rígido. Sarah, que lo observaba con atención, dejó su bolso sobre el regazo, conteniendo el aliento.
—Hola —respondió Maxwell con voz tensa—. ¿Pasó algo con Arthur?
Se hizo un silencio de apenas unos segundos que para él se sintieron como horas. Maxwell apretó el teléfono con fuerza,