—Alek, que alegría verte por aquí —Saludo Esteban Lincon cuando lo vio, era el gerente del Banco de Nueva York y un viejo conocido
—Lo mismo digo —Alek le devolvió el saludo al hombre
—Pasa, pasa hombre, no te quedes ahí de pie —El gerente del banco se alejó unos pasos para dejarlo entrar a la prístina oficina —Siéntete como en casa
Aquello realmente era imposible, mientras que Alek era de gusto más oscuros y monótonos la oficina del gerente denotaba algo totalmente diferente, empezando la colo