–¿Por qué no te sientas? –la invitó Alek señalando un sofá–. Pediré que nos traigan café.
–No es necesario –respondió ella, apartando la vista de su rostro moreno para mirar a su alrededor.
–Seré yo quien decida lo que es necesario –la contradijo Alek, levantando el teléfono para pedir el café.
A Lisa no le habría hecho falta que le recordase lo autoritario que podía llegar a ser y apretó los labios mientras se sentaba en el sofá, decidida a no permitir que la traicionasen los nervios.
–¿Por qu