Narra Valentina.
No podía soportar esto, como es posible que él me hubiera hecho tal cosa, como pude ser tan ciega y creerle todo el cuento de que fuimos drogados.
Claro, ahora entiendo por qué fuimos directo a San Isidro y no en un hotel de la ciudad.
Amelia entró a la habitación.
—Hola, ¿Cómo sigues? —pregunta ella.
—Amelia, por favor, no quiero hablar por el momento, ¿Puedes dejarme sola?
—Dime si ese desgraciado te dijo algo, para yo ir…
—No, no deje que dijera algo, así como no quiero que