—¿Qué dijiste? —pregunté elevando la voz hacia él.
—Este apartamento ahora es tuyo —aclaró. No pude evitar mirarlo con sorpresa y desconcierto al mismo tiempo.
—De ninguna manera. ¿Cómo puedes darme este apartamento? —protesté.
—A partir de ahora vivirás aquí. Hoy mismo puedes traer tus cosas, aunque creo que no es necesario. Este lugar tiene todo lo que necesitas —señaló, y lo miré con el ceño fruncido.
—¿Por qué hablas y me ordenas como si estuviera de acuerdo? En ningún momento dije que lo ac