—No es propio de él —dijo Melissa, como si estuviera leyéndome la mente—. Conozco a Sebastian desde hace mucho tiempo y ha estado en momentos oscuros antes, pero esto es diferente. Parece... —sacudió la cabeza—. No lo sé. Raro.
—¿Qué se supone que haga yo al respecto? —pregunté.
—Pensé que tal vez si lo buscabas, aunque fuera solo para saber cómo está, podría ayudar.
Me apoyé contra el marco de la puerta y la miré.
—¿Viniste hasta aquí solo para eso?
—No sabía a quién más acudir.
Suspiré