—Ya no es algo de lo que hable muy seguido. No pienso mucho en eso. Tengo demasiadas cosas en la cabeza.
—Pero te encantaba en su momento —señaló ella—. Y todavía te encanta.
Dejé caer la mano a mi costado.
—Sí. Me encantaba. Me encanta.
Ella sonrió, luego caminó hacia un gran baúl de madera en el borde de su terreno y lo abrió. La vi hurgar un momento por dentro y, poco después, regresó con una pequeña paleta de jardinería, una bolsita de lino y varios sacos de cultivo.
—Hay que plantar e