Punto de vista de Avery
La puerta de Bjorn seguía cerrada cuando llegué al tope de las escaleras. Había silencio en el interior, lo cual era de alguna manera peor que si hubiera estado teniendo un berrinche o escuchando música a todo volumen para ahogar mi voz. Toqué dos veces y, al no recibir respuesta, empujé la puerta abriéndola un resquicio.
—¿Puedo entrar? —pregunté.
Estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada contra la cama y las rodillas pegadas al pecho. No levantó la cabeza de