Punto de vista de Alfa Gideon
—Diviértete —se rio uno de los guerreros. Empujó a la loba dentro de mi jaula, enviándola a rastras por el suelo, luego cerró el candado de la puerta y nos dejó allí.
Me dejó a solas con ella.
La loba levantó la cabeza, lamiéndose los labios.
—Eres muy apuesto, ¿verdad? —susurró. Su voz era como el repique de pequeñas campanas. Suave y dulce. Mi lobo quería tomarla por el cuello y hundir sus dientes en su pecho. Quería que la tomara.
No.
Me presioné contra lo