Era mejor que estar sentada como una muñeca en un alfiletero, esperando a que Gideon recordara que yo existía, lo cual aparentemente solo hacía cuando yo hacía algo que no le gustaba.
Me deslicé por los altos pasillos, rozando las paredes con los dedos. Este lugar era colosal, construido a una escala que nunca había visto en mi vida. La casa de la manada Lobo Nocturno era similar, pero mucho más pequeña.
Más allá del salón de baile había vastas zonas de servicio, donde asumí que se encontraban