Ariel le dio un vistazo a lo que sería su “nuevo hogar”, y necesitó toda su fuerza de voluntad para no salir corriendo por la puerta gritando.
—Oh.
Esperó que la decepción no fuera tan obvia en su voz mientras observaba el lugar donde estaría por el resto de su vida.
—Pasa, no seas tímida. —El hombre le indicó que entrara.
¡Dios, Ariel!
Ni siquiera se había molestado en aprenderse su nombre y ya lo había seguido hasta su casa. Aun así, entró al apartamento con cuidado, intentando no hacer evide