Ariel miró el espacio que él había ocupado antes y dejó escapar un fuerte gemido. Debió haber salido detrás de él, pero se mostró reacia a hacerlo; demonios, él había sido quien estuvo equivocado, y ella no iba a disculparse por algo que no era su culpa.
Decidió que pasar el tiempo en su habitación era suficiente para distraerse, además de que Claudia ayudaba a que no fuera tan aburrido.
Ariel había sentido una punzada de culpa al llamar a su mejor amiga. ¿Acaso merecía siquiera llevar ese títu