Lilia y Bratt llegan a un complejo de apartamentos lujoso, donde son recibidos por dos guardias de seguridad que lo dirigen hasta el estacionamiento.
Los muros que rodean aquel ostentoso lugar parecen murallas de hierro, cuyas rejas dan la sensación de que fueron creadas como si se quisiera proteger de un ataque terrorista o mantener la privacidad de las personas que viven en el complejo, convirtiendo el interior en un sitio casi clandestino.
«¡Qué exagerados son!», piensa Lilia cuando nota las