Todo su alrededor empieza a desvanecerse y se torna irreal, como si fuera una imagen borrosa, un fondo difuminado que resalta un único elemento: Bratt.
Los nervios, cuan viles enemigos, dejan en evidencia lo mucho que su encuentro la afecta, al no ser capaz de controlar los temblores de su cuerpo, la manera violenta en que su pecho sube y baja ni la sofocación en su forma de respirar. Es como si, de imprevisto, en su interior se desatara un huracán de emociones que empieza a arrasar con toda la