La noche se impone y, con ella, regresa esa sensación de vacío e inferioridad con la que Lilia ha cargado durante muchos años.
Por más que lo intenta, no logra deshacerse de ese maldito sentimiento de que ella no es suficiente, de que nada de lo que hace tiene algún sentido. Lucha, pero esa tristeza no la deja en paz, tampoco consigue alcanzar esa tranquilidad que tanto desea.
Su vida siempre ha sido insípida, insignificante y carente de felicidad.
—Pero he tenido buenos momentos —reflexiona mi