Maitê Moreli
La pregunta que me hizo, sobre si no me había alegrado al verlo, quedó sin respuesta. No sabría decir si Hunter estaba siendo cínico o si simplemente estaba confuso, después de haber dormido durante un año.
—Tráiganle agua —ordenó Hunter con firmeza, al notar que no me encontraba bien.
Rápidamente, un empleado trajo un vaso de agua. Al cogerlo, mis manos temblorosas delataron el estado de todo mi cuerpo. Me llevé las manos al rostro y empecé a llorar.
—Parece alterada —comentó Hunter.
Me limpié la cara y levanté la cabeza. Además de las mujeres, vi las miradas desconfiadas de aquellos dos hombres posadas sobre mí: Edward, temeroso de que yo abriera la boca, y Hunter, intentando comprender toda aquella situación.
—Tu hermano me dijo que estabas en coma y que jamás despertarías. Me alegra mucho que eso no sea cierto.
Él sonrió con una ligera ironía y dijo:
—Entonces supongo que tu estado se debe a la emoción y la sorpresa de verme despierto.
No conseguía articular bien las