Léa Mascarenhas
La amistad es como una hermandad. Y, a veces, necesitamos hacer lo que nuestro amigo no se atreve. Estaba claro. Invisible, quizá, pero evidente: May no quería estar aquí.
Ella ni siquiera se dio cuenta, pero se enamoró del otro. De Hunter. El que no vale nada es Edward. Siempre desconfié de él. Todo era demasiado perfecto, aparecido de la nada en su vida. En cambio, Hunter… me cayó bien desde el primer momento.
Pensé en salir por la ventana. Caminé por el borde del balcón hasta otra habitación, pero no había forma de comunicarnos. Quise escribir una nota para la camarera, cualquier cosa. Fue entonces cuando vi la Smart TV con acceso a internet. Una luz al final del túnel.
Abrí el navegador, entré en una red social. Introduje mi correo electrónico y mi contraseña… pero para acceder necesitaba un código de verificación por SMS. Mi móvil estaba en manos de ese maldito Edward, que lo había dejado en New Haven.
Decidí arriesgarlo todo.
Accedí a la página web de uno de los