Maitê Moreli
Vi el odio y la desesperación reflejados en el rostro de Edward antes de que se levantara bruscamente. Estaba claro: Hunter estaba provocando a su hermano, pero aquello ya no era una simple broma. Era una pelea de pesos pesados, y yo me había convertido en su juguete. Sin duda, sería yo quien saldría despedazada de esta historia.
—Quién entiende a mi hermano… —murmuró Mad, con expresión confundida—. Bueno, Hut, ¿nuestra idea está aprobada?
—Sí —respondió Hunter, con un leve gesto de cabeza—, pero en cuanto a presentar a Maitê, ella tiene que estar de acuerdo.
—¡Ah, claro que aceptará! Aunque sea tímida, a Maitê le encantan las fiestas —respondió Léa, entusiasmada. Me dieron ganas de matarla.
—Si Maitê acepta, Mad, solo te pido que la lleves, junto con Léa y Márcia, a conocer algunas tiendas, centros comerciales. Estoy seguro de que necesitan comprar algunas cosas y no conocen nada de por aquí. ¿Te encargas de eso?
—¿Compras con las chicas? ¡Qué sacrificio! —comentó Léa ri