Maitê Moreli
—¿De verdad vas a pasarte todo el viaje de morros y contestando con monosílabos? —preguntó Hunter, relajado en el asiento del avión, con las manos entrelazadas bajo la nuca.
—¿Cómo querías que estuviera? Mi madre está convaleciente y me alejaste de ella —repliqué, contrariada.
—Precisamente porque se está recuperando no la he traído en este viaje. Es mejor que se restablezca primero.
—Deberías haberme dejado con ella —fui directa.
—¿Y yo habría viajado solo? Nana-nina-no. Una esposa tiene que quedarse al lado de su marido.
—¡Qué irritantemente burlón eres!
Él se rió.
—No entiendo por qué, cada vez que digo que eres mi esposa o que soy tu marido, crees que estoy siendo irónico —ahora adoptaba un tono cínico.
Ya sabía cómo acabaría aquella conversación. Me puse los auriculares y me dispuse a disfrutar de todo el lujo interactivo que ofrecía aquel vuelo internacional. Lo peor ya había pasado y cada vez estaba más cerca de librarme de aquel matrimonio forzado, de aqu