El resto de la mañana fue un ejercicio de paciencia. Dominic me dejó bajo la vigilancia de dos armarios humanos mientras resolvía "asuntos de familia". Me sentía como un pájaro en una jaula de oro, circulando por la biblioteca inmensa, pero incapaz de pasar de la puerta.
Cuando el sol comenzó a caer, la puerta de mi habitación se abrió sin que llamaran. Yo estaba de pie junto a la ventana, observando los muros altos. Dominic entró, aún con la camisa blanca, pero ahora con una mancha oscura en e