Desperté ahogándome, con la sábana enredada en las piernas y el corazón latiendo en la garganta. Un grito mudo murió en mi boca.
— ¿Luisa?
La voz vino desde el rincón oscuro de la habitación. Di un salto, tirando de la manta hasta la barbilla. Una silueta se movió.
— ¿Quién está ahí? —Mi voz salió aguda, temblorosa.
La luz de la lámpara se encendió al mínimo. Dominic estaba sentado en un sillón, aún con la ropa de la cena, pero la chaqueta estaba tirada a un lado. Sostenía una copa de whisky y