Sus dedos entraron en mi escote.
— Me di cuenta de que, más de una vez, el hijo de puta estaba mirando lo que no le pertenecía —sus dedos trazaban suaves círculos entre mis senos, dentro del escote de mi vestido—. Y esto... —Dominic dejó de trazar círculos en mi piel sensible para apretar mis senos con fuerza sobre la tela del vestido y el sostén, haciendo que mi piel hormigueara bajo su tacto—. Me pertenece, Luisa.
Antes de que pudiera decir algo, Dominic me liberó de su tacto, dejándome atóni