— ¿Cuál es tu flor favorita? —Dominic volvió a preguntarme con escarnio, burla.
Hijo de puta de los infiernos.
Juro que si tuviera las manos libres, dejaría su bello rostro desfigurado con mis uñas.
— Rosas rojas —respondí.
Lo peor era que las rosas eran realmente mis flores favoritas.
Dominic arqueó una ceja, mirándome sarcásticamente. "Rosa" también era el nombre del maldito apodo que me había puesto.
— Muy conveniente —dijo él un segundo antes de ofrecerme otra uva, una que comí con ganas de