Bufé de rabia. El hijo de puta realmente me estaba tratando como su mascota, una verdadera perra a ser adiestrada. Y podía incluso no ladrar como una, pero mordía con fuerza y solo estaba esperando que se acercara un poquito más para clavar mis dientes en su piel.
¿Y sabes qué? ¡Que se joda!
¡No iba a encogerme como una chica asustada implorando piedad mientras él me quitaba la ropa! ¡No derramaría lágrimas suplicando clemencia de su parte!
Dominic se apartó de mí, colocando el tazón sobre l