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Tomé un sorbo de té tranquilamente, acomodándome en una de las sillas de la mesa en el centro de mi jardín. Y, a pesar de sentir ciertas partes de mi cuerpo doloridas, no podía contener mi sonrisa de felicidad y victoria.

Mis mejillas se ruborizaron al recordar lo que Dominic y yo habíamos hecho durante toda la noche pasada. De paso, aún había logrado convencerlo de dejarme salir de la habitación y acabar con mi tiempo de reposo.

Y, cielos, estaba tan feliz por finalmente poder salir de mi a
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