Me aparto de ella antes de caer en la tentación.
— No empieces algo que no vas a poder terminar, mi ángel — susurré cerca de su oído en tono ronco, controlando para no tirarla a nuestra cama y hacer con Luisa todo lo que había deseado por largos meses.
Pero, al ver sus ojos negros como una noche sin luna mirarme con un deseo tan fuerte como el que yo sentía por ella, y con una certeza sobre algo que pude entender, supe que no desistiría ni se negaría a seguir adelante.
— Te quiero, Dominic... —