76. Pecados del pasado
Dante
El sonido del hueso rompiéndose bajo mis nudillos es la única melodía que mi mente es capaz de procesar ahora mismo. Golpeo otra vez. Y otra. Mis manos están bañadas en una mezcla viscosa de sudor y sangre ajena, un calor que se filtra por las grietas de mi piel y que, por un segundo, parece aplacar el incendio que Isabel inició en mis venas.
El tipo que tengo amarrado a la silla apenas es ya un hombre; es un bulto de carne que gime y se atraganta con sus propios dientes. Es uno de los qu