La mañana llegó otra vez, y Mónica se estaba arreglando frente al espejo para su primer día de trabajo. Sin embargo, al mirar su reflejo, por un momento no se reconoció. Era como si estuviera viendo a una persona completamente distinta. La ropa que llevaba puesta, tan elegante y cuidada, contrastaba con los viejos uniformes de limpiadora doméstica que solía vestir. Ahora se veía diferente, sentía que era diferente. Su corazón latía con nuevas aspiraciones, otros objetivos, y una ilusión renovad