Madelaine dejó un café sobre el escritorio de Jamal, quién de inmediato le entregó una mirada cómplice y ella no pude evitar sonrojarse hasta la médula. Recordar todo lo maravilloso que pasó entre ellos la noche anterior, no hacía más que alborotar todas esas mariposas que invadieron su estómago. Todavía sentía el ardor en su piel y la intensidad de cada segundo.
—¿Me quieres acompañar para ver el terreno?
—Oh, ¿de verdad?
—Sí, ¿por qué no te llevaría? Espero que te des cuenta que estoy busca