Haidar terminó una llamada de negocios en su oficina, cuando de repente su teléfono volvió a sonar. Era Jamal, su amigo siempre tan despreocupado y animado.
—Oye, ven a mi club esta noche —dijo Jamal, casi exigiéndolo—. Estoy seguro de que la vas a pasar bien. Necesitas relajarte, hermano. Además, hay chicas nuevas trabajando, y estoy seguro de que querrás conocerlas. Puedo arreglarte servicios VIP, los que tanto te gustan.
En otro momento, Haidar habría aceptado sin pensarlo. Su vida había es