Elisa se miraba en el espejo satisfecha, incluso la señora María la miraba con una enorme sonrisa y ojos brillantes, haciendo que la vergüenza que pudo haber sentido segundos atrás se esfumara.
—Se ve hermosa, el jefe estará muy contento —dijo la mujer, arreglando la habitación, que la misma Elisa y las maquillistas habían dejado vuelto un desastre—. Ahora apresúrese, la están esperando afuera.
Ella todavía tenía los nervios a flor de piel, pero tomó una profunda respiración y se dijo que todo