Andrei miraba todo frente a él, mientras se adentraba en la mansión de Stefan.
Algo iba a pasar, se lo decía el aire y se lo decía la cara de sus hombres también. Su expresión se hizo más fría entonces, repeliendo todas las miradas que esos sujetos le daban.
Sabía que el primo de Kirill no faltaría a las reglas que tenían ni a los protocolos, que no iba intentar hacer nada en su contra, pero nunca se podía poner las manos en el fuego por ese hombre, cuyas excentricidades le desagradaban porq