Andrei acentuó su ceja arqueada al oírla.
Sí, había llamado a una mujer para complacerlo, porque de alguna manera necesitaba distracción y también necesitaba sacar de su mente la idea de que ese lugar debía ser de Elisa.
Pero, ¿cómo conseguirlo si estaba en esa casa las veinticuatro horas del día, disponible para él?
—¿Por qué quieres saber? —no podía dejar aquella sonrisa de lado—. ¿Crees que solamente prostitutas aceptarían pasar unas horas conmigo?
Eso comenzaba a parecer un interrogatorio