Andrei se puso de pie y fue camino a su habitación.
Cerró la puerta fuertemente mientras comenzaba a golpear la pared con sus puños, porque parecía que la habían echado alcohol a la herida de haber perdido a su único amigo, y además, le hacía sentir que no había cuidado bien a su gente.
Si él hubiera aceptado ir a beber con Kirill esa noche, él no habría muerto. Justo en ese momento ese pensamiento lo atacaba.
No se había permitido llorarlo durante esos días y ahora no pretendía hacerlo tampo