Capítulo 38: Una culpa aceptada sin objeciones.
Por la mañana Vania se levanta por primera vez en dos semanas sola, ya que Alina no le quitó el ojo de encima desde que llegó a Prato para cuidarla. Al salir del cuarto, se encuentra con Penélope, quien le sonríe con amabilidad, le ofrece su brazo para que se enganche a él y la ayuda a bajar al primer piso.
—¿Cómo dormiste?
—Bien, gracias.
—Mi hijo se fue muy temprano a trabajar, me dijo que evaluará la posibilidad de irse a Grecia y establecer la sede de la e